La niñez es la época de la felicidad y la diversión. Es el momento de nuestras vidas en el que forjamos los principales valores que nos durarán hasta mayores. Es, también, la etapa para aprender y conocer; para jugar, para reír y si eres padre, para ver cómo la vida enseña a tus hijos su valor. Es todo y más. Y eso incluye el riesgo de que enfermen.

Desde que nace, el niño es atacado por una serie de padecimientos que atentan contra su calidad de vida. De ti depende el poder prevenirlo, defenderlo, protegerlo y como todo buen padre, enseñarlo a que se cuide solo.

Uno de los peligros latentes es la diabetes. De ella se sabe mucho y a la vez poco. Es de las enfermedades que más condicionan tu vida y la de tu pequeño, pues una vez se tiene, es irreversible.

¿Qué es?

La diabetes es una enfermedad crónica que se caracteriza porque hay altos niveles de azúcar o glucosa en el torrente sanguíneo. Esto sucede por la ausencia o ineficacia de la insulina, la cual es una hormona que se produce en el páncreas para controlar esta situación.

A la aparición de azúcar en la sangre la llamamos glucemia. Su exceso es conocido como hiperglucemia, mientras que cuando sus niveles son bajos lleva el nombre hipoglucemia.

¿Para qué necesita el niño el azúcar? Su organismo está formado por células. El conjunto de ellas generan tejidos, mientras que estos conforman a los órganos que lo mantienen vivo. La glucosa (o azúcar) es utilizada por las células como combustible para que realicen todas las funciones que tu pequeño necesita.

¿Cómo actúa?

diabetes niños

Cuando el niño come, su organismo degrada los alimentos y lleva el azúcar que estos poseen hasta la sangre. Allí es donde aparece la insulina.

Ella es producida en el páncreas mientras ocurre todo lo anterior. Su trabajo es ayudar a que la glucosa llegue hasta las células, permitiendo que no se acumule en el torrente sanguíneo.

La diabetes es un problema que aparece en este paso. Para entender cómo funciona hay que ir a su clasificación más común: diabetes tipo 1 y diabetes tipo 2.

Clasificación

La diabetes tipo 1 es aquella en donde el páncreas es incapaz de producir insulina. Hasta ahora se desconoce la causa, pero lo cierto es que el propio organismo destruye las células encargadas de generar esta hormona.

Como es imposible vivir sin insulina, si el niño padece diabetes tipo 1 necesitará de la hormona mediante inyecciones durante toda su vida. No hay manera de prevenir esta variante de la enfermedad.

Caso contrario ocurre con la diabetes tipo 2, la cual es posible prevenirla o, bajo ciertas circunstancias, retrasarla. En ella el páncreas sí produce la insulina, pero no lo suficiente para lo que el cuerpo requiere.

También sucede que las células pueden generar cierta resistencia a la insulina. De ser así, aunque el páncreas la produzca, nunca será suficiente para romper esta barrera.

Diabetes tipo 1: causas

La diabetes tipo 1 es una enfermedad que afecta principalmente en la infancia. Es común que aparezca entre los 4 y 6 años, o en ocasiones espera hasta la pubertad, entre los 10 y los 14. Según estudios, de 350 jóvenes de 18 años, uno tiene diabetes tipo 1.

La incógnita se mantiene en sus causas. Los científicos coinciden en que la carga genética es el factor fundamental. Si el niño tiene un familiar cercano con esta enfermedad, puede padecerla.

El riesgo es de 10 % si quien la padece es el papá o algún hermano, y de 4 % si es la mamá. Para los gemelos idénticos, si a uno lo diagnostican, el otro tiene entre 30 y 50 % de probabilidades de adquirirla.

Aparte de los genes no hay otras causas definidas.

Diabetes tipo 2: causas

Antes solía decirse que, mientras la diabetes tipo 1 afectaba solamente a los niños, la tipo 2 era problema de adultos. Esto cambió.

El aumento de obesidad infantil es una de las principales causas de la diabetes tipo 2. Y es que ella está muy ligada al estilo de vida que alguien pueda llevar, sin dejar de lado los genes: cerca del 60 y el 90% de los niños que la padecen, tienen algún familiar con diabetes.

No obstante, como se dijo anteriormente, a ella sí es posible prevenirla.

Hay varias causas que permitirían que tu niño la padezca:

  • Si sufre de sobrepeso u obesidad.
  • Si no hace deportes o no se ejercita.
  • Si su dieta suele estar llena de alimentos con azúcares, como comida chatarra, sodas, dulces, postres, etcétera.
  • Si es de ascendencia africana, latina, americana proveniente de Asia o de las Islas del Pacífico.

En los niños, esta enfermedad suele aparecer en la pubertad, aunque no descarta otras edades.

¿Cuáles son los síntomas? agotado

En la diabetes tipo 1, los síntomas son muy pronunciados.

El pequeño puede presentar letargo, cansancio constante, tener mucha sed y, por consiguiente, micciones con frecuencia. En niños que aún no han aprendido a ir al baño, es común que mojen la cama o no resistan las ganas y se orinen encima.

A ello se puede sumar los problemas para ver bien, como visión borrosa. Otros síntomas son la pérdida de peso, deshidratación, vómito y náuseas recurrentes.

En el caso de la diabetes tipo 2, esta puede no presentar síntomas. Algunas veces aparecen los mismos que en la diabetes tipo 1, aunado a la dificultad para sanar heridas, o la constante aparición de infecciones. Para esto debes estar atento, porque muchos lo confunden con otras enfermedades.

La mejor manera de saber si tu niño tiene diabetes tipo 2 es llevarlo a un experto para que le hagan exámenes.

¿Cómo es el diagnóstico?

Se trata de dos pasos importantes: lo primero es verificar los síntomas para saber si tiene diabetes y luego definir cuál de la dos padece. Toda esta labor es de doctores expertos en el área. Lo primero que hacen es medir los niveles de glucosa en la sangre, o glucemia.

Según estándares internacionales, esta se mide en ayunas o al azar.

En ayunas los niveles de glucemia no deben ser mayores a 120 mg/dl. Al azar la medida máxima es 200 mg/dl. El niño tendrá diabetes si, además de los síntomas que padece, sus niveles de glucemia son mayores a los allí presentados.

Una herramienta que ayuda en el diagnóstico es la prueba de la hemoglobina A1c, y los resultados de esta se consiguen mediante un análisis. Después de realizado, el índice que este arroje no debe ser mayor a 6,5% o sino se tratará de diabetes.

Como la diabetes tipo 2 no suele presentar síntomas en los niños, otra alternativa para identificarla es la prueba de tolerancia oral a la glucosa. En ella se mide la glucemia en ayunas para luego darle una solución con abundante glucosa. Después de dos horas de espera, se vuelve a verificar el nivel de azúcar. Si es mayor a 200 mg/dl, hay diabetes.

Medir el alcance

Bien, ya confirmaste la aparición de la diabetes, ¿ahora qué sigue? Lo correcto es saber cuál es la clasificación que tiene, para luego medir su alcance dentro del organismo. Mediante un análisis de sangre es posible corroborar si es tipo 1 o tipo 2.

Si se trata de la primera, lo recomendable es hacerle exámenes al niño para saber si posee otros trastornos de carácter autoinmune, como lo son los problemas de tiroides. Es común que la diabetes tipo 1 esté relacionada con este tipo de padecimientos.

Para la diabetes tipo 2, los doctores deben revisar varios órganos. Esta enfermedad puede afectar el hígado, los vasos sanguíneos, los riñones, el nivel de lípidos en la sangre, los ojos, entre otros.

Diabetes tipo 1: tratamiento

La imposibilidad del páncreas al momento de producir insulina, hará al niño dependiente de inyecciones constantes. La diabetes tipo 1 genera esta situación.

Hoy en día es común ver herramientas para la inyección de la hormona, las cuales pueden se manejadas incluso por los niños: están las jeringas, las bombas y las plumas.

Con la primera se inyecta la insulina bajo la piel. Normalmente es en los brazos, los muslos o el abdomen: siempre se escoge un lugar donde el tejido sea denso. La cantidad a suministrarse dependerá de lo que requiera o señale el doctor.

La pluma ofrece versatilidad. Es un aparato fácil de llevar, que cuenta con cartuchos. Cuando se pasa mucho tiempo fuera de casa, como en la escuela o actividades extracurriculares, esta es una buena opción.

En cuanto la bomba, esta no es más que un aparato programado para suministrar insulina mediante un conector que va pegado a la piel. Este se adecúa según el momento del día que quiera aplicarse.

Diabetes tipo 2: tratamiento

La diabetes tipo 2 no precisa necesariamente el suministro de insulina externa. Puede llegar a hacerlo, pero esto no será siempre. Su tratamiento va de la mano con otros compuestos. Uno de ellos es la metformina.

Sin embargo, esta enfermedad, al igual que la tipo 1, sí amerita un cambio radical en el estilo de vida, el cual debe partir de cómo tratas al niño, pasando por los alimentos que le preparas y culminando en lo que le puedes enseñar para que luego sea él quien se cuide por sí mismo.

La diabetes exige una dieta baja en carbohidratos, pero sin olvidarlos. También reclama actividad física, aunque sin llegar a ejercicios que conlleven al cansancio extremo.

Enfermedad familiar

Lo primordial es saber que no es lo mismo lidiar con un adulto a ayudar a un niño. Palabras como “dieta” o “actividad física” pueden parecerles impedimentos en su nuevo estilo de vida.

Desde el momento en que entra en tu casa, la diabetes no solo es un problema de él o tuyo, es una enfermedad familiar, la cual puede exigir la participación de todo tu entorno.

El régimen alimenticio es fundamental. Comidas ricas en azúcar como donas, galletas, sodas, dulces, entre otras, deben ir siendo reemplazadas por verduras, frutas, alimentos ricos en fibra y vegetales. Bebidas como el café o los energizantes también deben desaparecer.

Es importante que, además de las tres comidas al día, exista un pequeño refrigerio en el medio que permita mantener al niño con sus niveles regulares. No puede saltar comidas pues esto los alterará.

Al final, la dieta escogida dependerá de su peso y edad.

¡Ejercítense!

ejercitarse

El ejercicio es un gran aliado cuando se padece diabetes. Cuando realizan actividades físicas, sus músculos se preparan para la absorción de insulina.

Siempre es recomendable que los niños practiquen algún deporte. Sin embargo, este no debe llevarlos al cansancio intenso, debido a que se corre el riesgo de hipoglucemia.

Ejercitarte con él no solo te permitirá vigilar su rendimiento, sino que además ayudará a que él encuentre en ti un modelo. Recuerda que los niños aprenden más por lo que ven de ti, que por lo que te escuchan decirles.

Comer antes de hacer deportes es una ayuda. También es fundamental tener a la mano suplementos con hidratos de carbono que te permitan recargar fuerzas en caso de cansancio severo.

Propuesta para ganar salud

Muy ligado al ejercicio y la dieta, la decisión de bajar de peso y dejar de lado una vida sedentaria es una tarea que él tiene que proponerse, pero que conseguirá solo si lo ayudas.

Sustituye el tiempo de la televisión por caminatas a parques. Si no es fanático de los deportes, consíguele actividades en las que pueda mantenerse activo como bailar o cantar. Si es amante de los videojuegos, proponle que opte por aquellos que le exigen moverse, saltar, y cuyas temáticas sean interactivas.

Rétalo a preferir las escaleras antes que el ascensor. A caminar, andar en bicicleta y disfrutar.

Sin excesos

Si bien es cierto que el cumplimiento de todas las actividades anteriores lo ayudarán, el extremo opuesto puede afectarlo. El cansancio y el agotamiento constante pueden llevarlo a sufrir episodios de hipoglucemia. Debes estar atento con esta.

Cuando se es adulto, el llegar a tener hipoglucemia puede no dejar secuelas. Sin embargo, en los niños pequeños, los ataques constantes pueden ocasionar alteraciones en su desarrollo neuronal.

Es aún más peligroso cuando se trata de infantes a los que les es difícil expresarse, pues no sabrán comunicar los síntomas.

Adolescencia y aceptación

Como padecimiento que cambia el estilo de vida, la diabetes puede generar alteraciones a nivel psicosocial. Es común ver a adolescentes diabéticos que sufren depresiones o ansiedades debido a que, por su condición, creen que no pueden amoldarse al grupo.

También sucede que, como la insulina puede llegar a influir en el aumento de peso, los adolescentes prefieran saltarse las dosis que corresponden a su rutina de tratamiento para mantener una figura.

El mejor remedio para ello es hablar. Si notas que no es capaz de conversarlo contigo, llévalo a un psicólogo. Él le explicará las implicaciones de su enfermedad, así como mediará para que en familia consigan la solución al problema.

Un aspecto para recordar es la pubertad. Como hay alteración en las hormonas, es posible que los tratamientos utilizados no cumplan su efecto. Si tu niño está en esa edad, verifica los niveles antes y después de suministrarle el medicamento.

Piensa en el futurocorazon

Por la complejidad de la diabetes, muchos olvidan que, de no atenderse, esta puede conllevar a alteraciones que repercutirán en la vida futura del niño. Siempre es importante pensar en el futuro.

Tanto la prevención como el cuidado correcto del enfermo son vitales.

Enfermedades como cataratas, problemas renales o del corazón, alteraciones en el hígado, accidente cerebrovascular o incluso amputaciones de miembros son algunas de las complicaciones a seguir.

Verifica siempre el nivel de glucosa junto con él y no olvides las revisiones periódicas o visitas al médico para saber qué tanto avanzó la diabetes. La prevención de hoy puede ser el consuelo de mañana.

Siempre con él

Un último aspecto tiene que ver con el conocimiento. No solo se trata de acompañar al niño en todo momento durante su enfermedad, también es importante conocer qué implica, cuáles son componentes, cómo actúa y cómo le enseñas a vivir con ella.

Desde el primer contacto con tu doctor hazle todas las preguntas que te surjan sobre la diabetes. Aprende el modo correcto de colocar una inyección, para que con el paso del tiempo seas tú quien le enseñe. Ten presente los niveles de glucosa señalados, cuándo debes medirlos, qué alimentos le hacen bien a su organismo y por qué.

No olvides que los niños pequeños no sabrán siempre la forma de comunicar una dolencia o síntoma. Pregunta cómo se siente, está atento durante su sueño, aprende a conocer sus alteraciones y no minimices ninguna de las cosas que te diga cuando crea sentirse mal.

Saber todo lo concerniente a la diabetes no solo te ayudará a entenderlo, sino que también te permitirá una mejor convivencia dentro del hogar. Insta al resto de la familia a unirse y, entre todos, aprendan las formas de sobrellevarla mientras exista con ustedes.

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