La diabetes felina o diabetes del gato es una enfermedad común que afecta a estos animales cuando son mayores de seis años, o si tienen problemas de obesidad.

Al igual que en los humanos, suele aparecer la tipo 1 o tipo 2. En la primera el páncreas es incapaz de producir la insulina, mientras que en la segunda las células se resisten al trabajo regulador de glucosa que esta posee.

En ambos casos, y si no se trata a tiempo, la diabetes puede generar otras enfermedades que alteran el estilo de vida de tu mascota.

Síntomas de la diabetes

Que tu gato adelgace mucho pese a que coma de manera recurrente, es una de las señales que deberían llamar tu atención. Otros síntomas serían la sed constante y el orinar cada momento, así como los cambios en su pelaje: resequedad, caspa, entre otros.

A medida que avanza la enfermedad es común ver que tu mascota pierde fuerza en sus patas traseras y su caminar es un mucho más débil. Asimismo, comenzará a tener vómitos y mal aliento.

En última instancia lo ideal es llevarlo al veterinario. Solo él te dará el diagnóstico acertado, debido a que estos síntomas pueden responder también a otras enfermedades.

¿Qué debo hacer?

Al momento de atenderlo, es vital conocer qué tipo de diabetes padece tu mascota. Si se trata de la tipo 1, necesitará inyecciones de insulina durante el resto de su vida, así como una dieta detallada por el veterinario.

En el caso de la tipo 2, lo ideal es ayudarlo a bajar de peso con comidas bajas en carbohidratos para que tu gato esté en los niveles recomendados. Esta recomendación debe tener vigilancia médica: es posible que una dieta no supervisada conlleve a que el animal sufra de hipoglucemia. Lo sabrás si notas letargo, debilidad, ataques convulsivos y caminar débil.

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