Se conoce como glucosa en la sangre al azúcar que el torrente sanguíneo transporta a las células del cuerpo para proporcionar energía. Este azúcar proviene de los alimentos que consumimos a diario y sus niveles indican la cantidad que se transporta en la sangre durante un instante.

El sistema digestivo descompone los carbohidratos en moléculas de azúcar, entre las que se encuentra la glucosa. Esta pasa directamente al torrente sanguíneo cuando la comida se consume y digiere. Su ingreso ocurre solo si también hay insulina que la alimente en el torrente sanguíneo.

Funciones de la glucosa

La glucosa sirve un combustible primario que generar energía usada por las células para ejecutar sus funciones metabólicas y biológicas. Asimismo, tiene importantes efectos en el cerebro, los glóbulos rojos y las células musculares durante la realización de actividad física.

Como fuente de combustible natural, el azúcar en la sangre produce moléculas de energía mediante ciertas reacciones bioquímicas. Esa energía impulsa el funcionamiento del organismo.

Las células cerebrales y nerviosas dependen de la glucosa para trabajar. Debido a que estas no pueden almacenar glucosa, es necesario proporcionarles un suministro constante mediante el flujo sanguíneo. De igual modo ocurre con los glóbulos rojos, que la utilizan como fuente de energía.

Niveles normales

El cuerpo humano tiene la capacidad de regular los niveles de glucosa en la sangre con la finalidad de que no sean demasiado altos ni muy bajos. Estos índices cambian a lo largo del día. El punto más bajo se presenta antes de la primera comida; sin embargo, después de comer, los niveles aumentan y se vuelven a calmar cuando pasa aproximadamente una hora.

En personas sanas, los niveles de azúcar en la sangre en ayunas deben estar por debajo de 99 miligramos por decilitro (mg/dL), mientras que en los diabéticos fluctúan más, pero se recomienda que estén entre 70 y 130 mg/dL antes de comer, y menos de 180 mg/dL 2 horas luego de la comida.

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